René Meléndez

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Aunque las nuevas generaciones no lo vieron jugar y sólo han visto un par de fotografías o quizá oído algún relato radial de su goles, René Orlando Meléndez Brito, es y será por mucho tiempo más, el mayor ídolo y exponente del fútbol de Everton.

Los hinchas de Everton más veteranos se ponen de pie al oír su nombre y no dudan en tildarlo de “Don” René Orlando Meléndez. Los más bisoños quizá lo conocen tanto, es cierto, pero saben perfectamente que se trata de un tipo a respetar cuando escuchan su nombre.

Vino del Norte de nuestro país, donde jugaba en las ligas de Iquique. Fue en 1947, cuando el dirigente Ramón Osorio lo contactó, ganándole la pulseada a uno de los equipos bravos de la época, Santiago Morning.

Lamentablemente, el libro de pases ya estaba cerrado y Meléndez debió esperar hasta la temporada de 1948 para debutar, pero lo hizo en su estilo. En el estadio El Tranque y contra Magallanes, anotando dos goles.

Lo que vino después fue un romance eterno. Meléndez fue pieza clave para las dos primeras coronas de Everton. En el torneo Nacional de 1950 –el primero que gana un equipo de regiones en Chile-, Don René anotó el gol del triunfo en la definición ante Unión Española y dos años después, para la segunda coronación viñamarina, su aporte fue todavía más expresivo: con 30 goles, se consagró goleador del torneo (solo dos jugadores más con la camiseta de Everton han conseguido dicho galardón: Daniel Escudero en 1964 y Joel Estay en 2004), de un equipo viñamarino que se consagró Campeón con varias fechas de anticipación.

Luego de anotar 119 goles con la camiseta ‘Oro y Cielo’, en 1956 partió a Universidad de Chile y luego defendió los colores de O’Higgins, Colchagua, Calera y Luis Cruz Martínez, pero fue en Everton donde vivió sus años de gloria.

Don René Meléndez, se enamoró de Viña del Mar y en nuestra ciudad terminó sus días. Primero como parte del staff técnico de cadetes del club y finalmente como anónimo taxista, a las afueras del Casino de la ciudad.

Augusto Arenas

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“El Pelusa”, como es apodado, fue uno de los volantes más extraordinarios y talentosos que hayan pasado por Everton. Junto a René Meléndez marcaron una época dorada, que se vió coronada con la obtención de los títulos de 1950 y 1952.

Arenas debutó y brilló en Everton, jugando en lo que en esa época se denominaba volante half back izquierdo. Era capaz de combinar la marca y el talento, lo que lo transformaba en un jugador brillante, que en sociedad con Meléndez y compañía, hacían de los “Oro y Cielo” de aquella época, un equipo sencillamente espectacular.

Entre otras hazañas, al “Pelusa” se le atribuye la invención de una jugada de que deleita a todos en el fútbol. Fue en 1950 que su particular regate se hizo conocido, fue bautizado como “La bicicleta”, jugada por la que ha recibido todo tipo de reconocimientos.

A diferencia de Meléndez, Arenas era viñamarino de tomo y lomo. Oriundo del barrio de Santa Inés, fue en 1949 que los dirigentes de Everton lo vieron jugar, lo llevaron y de inmediato se ganó un lugar entre los once del equipo que dirigía Martín García.

Su salida del club se produjo en 1954. Partió a O’Higgins y se retiró en la década del sesenta, dejando un recuerdo indeleble para todas las generaciones de evertonianos, que aún hoy reconocen su talento.

José Luis Ceballos

“El Cordobés”. Miembro de un plantel de lujo que se formó en Viña del Mar para la temporada de 1976, luego que Everton hubiera retornado al fútbol de Primera División en 1974 y que al año siguiente sufriría mucho para lograr salvar la categoría.

El de 1976 era un plantel estelar. Ceballos, junto a Martínez, Spedaletti, Ahumada, González, López, Vallejos, Salinas y otros, configuraban un equipo de estrellas, en el que Ceballos brillaba con luces propias.

Precedido de varias campañas en Argentina, primero en su natal Córdoba, defendiendo los colores de Instituto y Belgrano, luego pasó por Atlanta en Buenos Aires, para recalar en Viña del Mar.

Era un puntero izquierdo excepcional, rápido y goleador, que quedó en la memoria eterna de los viñamarinos gracias sus goles en aquella campaña del 76’, pero muy especialmente por aquella corrida en el Estadio Nacional, que permitió sentenciar la tercera estrella para los “Guata Amarillas”.

Se jugaban los instantes finales de aquella final del torneo de 1976, Everton ganaba por 2 a 0, pero Unión Española descontó mediante lanzamiento penal y lo que parecía festejo asegurado, tomó un dramatismo increíble. Hasta que llegó la habilitación de Martínez para Ceballos, que desde campo propio arrancó y fue inalcanzable para la zaga hispana. “El Cordobés” definió arrastrado y potente ante la salida del portero, para decretar el 3 a 1 definitivo y la tercera consagración para Everton, ante un Estadio Nacional colmado de hinchas viñamarinos que viajaron para ver aquella final.

Ceballos partió de Everton en 1978, se fue a Cobreloa y luego llevó su fútbol a tierras mexicanas, radicándose en Guadalajara.

Guillermo “Chicomito” Martínez

Entre tanta estrella que llegó a Viña del Mar en 1976, también había algunos elementos de casa que fueron pilares fundamentales para aquella gesta.

Guillermo Martínez, conocido por todos como “Chicomito”, es viñamarino del barrio de Santa Inés, como muchos elementos que han vestido nuestros colores a lo largo de nuestra historia.

Fue en aquel barrio, el mismo de Armando Tobar –ex técnico del Everton Sub Campeón de 1985- o Augusto Arenas –Campeón con Everton en 1950 y 1952-, donde surgió el apodo de “Chicomito”. Según propia confesión, a Martínez le decían así porque no crecía, hasta que a los 14 años llegó el “estirón”, como se decían en aquellos años.

Martínez jugaba en el Club Peñarol de Santa Inés, donde lo vio jugar Daniel Torres, miembro del equipo Campeón de Everton en 1950 y 1952, y entrenador “Oro y Cielo” en la década de los 60. Se incorporó al plantel con 18 años y debutó en 1966.

“Chicomito” fue autor del pase para el último gol en la final de la temporada 1976, que José Luis Ceballos transformó en el gol que desató el carnaval en el Estadio Nacional y en todas las calles de Viña del Mar, en aquella inolvidable jornada.

Para la temporada de 1981 el equipo perdió la categoría y Martínez estuvo unos meses en el archirrival, pero luego lo llamó Ricardo Contreras, técnico en 1982 de los viñamarinos y decidió retornar.

En 1982 y por única vez, Everton consiguió retornar al fútbol grande en apenas una temporada. Poco después, y con la tarea cumplida tras anotar 68 con la camiseta de viñamarina, Guillermo Martínez decidió retirarse.

Edgardo Geoffroy

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Edgardo Geoffroy, o simplemente “Geo”, fue de los primeros ídolos viñamarinos en los tiempos difíciles que asolaron al club desde la segunda mitad de la década de los ochenta.

El Sub Campeonato de 1985, parecía devolver el protagonismo perdido a los viñamarinos, pero pasó todo lo contrario.

Geoffroy es oriundo de Rawson, en Argentina. Con el club Germinal estuvo cerca de llegar al fútbol de honor en su país, pero debió partir a probar suerte a Buenos Aires. Se formó en Vélez Sarsfield como nueve, pero después derivaría al volante de exquisita técnica que deleitaba en las tardes de fútbol en Sausalito.

A Chile llegó a Linares en 1982, pero pronto se fue al Blooming de Bolivia, volvió a O’Higgins el 84 y se fue a Colombia tras jugar la Copa Libertadores. Pasó por la B Nacional de Argentina por Argentinos de Mendoza, hasta que Rangers apareció en su camino.

Ahí estaba cuando Eduardo Gaete, entonces dirigente de Everton, lo llamó. No se arrepentiría de aceptar aquella propuesta, con la diez de los viñamarinos, “Geo” se transformó en ídolo de la fanaticada evertoniana que aún lo recuerda.

Jugó 153 partidos, entre 1987 y 1990, antes de partir definitivamente de la institución.

En la memoria quedan tardes llenas de fútbol e hitos como aquel día de 1987 en Santa Laura, cuando con gol de Geoffroy, Everton derrotó a Universidad Católica y le quitó el invicto a aquel equipo cruzado, que finalmente sería Campeón de la temporada o aquella remontada épica ante Universidad de Chile, cuando Everton perdía 3 a 0 y terminó quedándose con aquel compromiso por 4 a 3.

Ezequiel Miralles

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Ezequiel Nicolás Miralles Sabugo, llegó a Everton como un perfecto desconocido, con cartel de jugador con potencial no explotado, pero que venía de jugar muy poco en Talleres de Córdoba.

Oriundo de Bahía Blanca, había tenido sus mejores momentos en el ascenso argentino. Huracán de Tres Arroyos, Ferrocarril Oeste y el club Defensa y Justicia, recordaban con cariño sus pasos. Lo compró Racing como gran apuesta, pero nunca pudo explotar, hasta que llegó a Everton.

Los viñamarinos venían de salvarse del descenso con un plantel de estrellas y para 2008 pretendían tener un pasar más tranquilo.

No fue fácil para Ezequiel. La orquesta la lideraba Jaime Riveros y cada pase para el argentino era una invitación al gol. La pelota no quería entrar en los primeros partidos, ante la Católica falló goles increíbles, hasta que llegó la tarde del 14 de febrero, allí partió el romance.

De la mano de Riveros, Miralles anotó sus dos primeros goles en Sausalito, en una jornada donde los viñamarinos ganaron claramente por 3 a 1 a Universidad de Chile, pasando por encima del juego de lo azules, futbolísticamente. La campaña fue creciendo y Everton se encaramó a la punta del torneo en la fase regular, donde Ezequiel anotó 6 goles. Faltaba lo mejor.

En Play off los evertonianos debutaron contra Audax Italiano y fue derrota 3 a 0 en Sausalito, la llave parecía sentenciada, pero no. En el minuto final del partido de vuelta, Miralles le puso una pelota con ventaja a Cristián Oviedo que decretó el 4 a 1 y dio vuelta una serie imposible.

En Semifinales, Miralles le anotó tres veces a Universidad de Chile en el estadio Nacional, dejando la serie virtualmente sentenciada. Venía Colo-Colo, entonces Tetracampeón vigente.

Se perdió 2 a 0 la ida en el Monumental y en el primer tiempo de la final de vuelta, los tiros en los postes de Jaime Riveros y Leandro Delgado, hacían pensar lo peor. Pero apareció Miralles al minuto del segundo tiempo, Riveros y otra vez Miralles a poco del final, para con un cabezazo colocado desatar el festejo total. 32 años después, de la mano de los pases de Riveros y de los goles de Miralles, Everton volvía a gritar Campeón por cuarta vez.

Ezequiel partió tras la Copa Libertadores de 2009, pero hoy está de vuelta para tratar de darle una mano al club, que vive momentos difíciles en los deportivo y lucha por volver, otra vez, al sitial que le pertenece, en la Primera División.

Gustavo Dalsasso

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Gustavo Tulio Dalsasso Coletti, tiene una historia difícil de creer. Formado en Boca Juniors, no le fue fácil despuntar en el fútbol profesional. A Chile llegó en 1995 a Club de Deportes Antofagasta, pero volvió de inmediato para Argentina.

Regresó en 1999, a Huachipato y se quedó para siempre. Pasó a Rangers y descendió en 2006 en una final terrible con Lota Schwager, todo parecía oscuro hasta que sonó el teléfono desde Viña del Mar.

Everton buscaba un arquero suplente para el equipo de estrellas que formó Juvenal Olmos, el titular sería Johnny Herrera. El equipo anduvo muy mal, bordeó el descenso, Herrera salvó la plata y Dalsasso casi no jugó, pero se quedó.

Su gran oportunidad apareció en los Play Off de 2008, Cuartos de Final, partido de vuelta, ante Audax Italiano. Everton perdió 3 a 0 la ida en Sausalito y Dalsasso fue asignado como titular para el juego de vuelta. Y lo hizo bien: el equipo pasó de llave con la anotación agónica de Cristián Oviedo y Gustavo fue ratificado para la Semifinal ante la U.

Pero no pudo ser un cierre redondo para Gustavo. El portero se lesionó a los pocos minutos de iniciado el compromiso y Johnny Herrera tomó su lugar, hasta levantar la copa de Campeón ese inolvidable 3 de junio de 2008.

Herrera decidió partir y Gustavo soñaba con la titularidad. Le trajeron a Paulo Garcés, pero fue Dalsasso el ganó la pulseada.

Para la Copa Libertadores de 2009 llegó Nicolás Peric y otra vez fue Gustavo el que se hizo con la camiseta titular. En el debut con Caracas en Sausalito hizo un partido irrepetible. Everton ganó 1 a 0 con gol de Roberto Gutiérrez, pero Dalsasso sacó innumerables pelotas de gol que hicieron soñar al equipo con avanzar a Octavos de Final, instancia que sólo se vio truncada por el polémico arbitraje de Héctor Baldassi, ante Chivas de Guadalajara, en Sausalito.

En adelante el arco de Everton ha sido sólo suyo. Se lesionó faltando poco para el final en 2010 y el equipo no sólo lo sintió, sino que perdió la categoría. Fue clave en el Campeonato de Clausura de Primera B de 2011, aunque el equipo finalmente no pudo conseguir el tan anhelado ascenso.

Cuando el equipo no encontraba el camino en 2012, fue puntal. Everton enmendó el rumbo de la mano de Dalsasso y José Luis Muñoz. Consiguió volver a Primera, aunque poco tiempo.

Ya con 38 años, Dalsasso lucha, como siempre lo hizo, para devolver a Everton en el sitial que siempre debe estar: Primera División.